Todos absolutamente todos comunicamos, o mejor dicho, proyectamos nuestros valores según la forma de las acciones que llevamos a cabo, bien sea por la palabra, la vestimenta, los gestos, las miradas…y digo todos: personas e incluso empresas. Evidentemente en este post vamos a centrarnos en la comunicación corporativa de las empresas y es que éstas, por su propia supervivencia y relación con el entorno están condenadas a relacionarse… y la manera en qué lo hacen dice mucho de ellas.

¿Una condena o una oportunidad? Sin duda abogamos por lo segundo.

Aunque no sigan una estrategia previa y planificada y sin ser muy conscientes de ello, desde el pequeño taller mecánico, el kiosco de la esquina, y por supuesto,  la gran multinacional desarrollan acciones de comunicación con mejor o peor tino. Muchas veces no hace falta un gran presupuesto en marketing y sesudos Dircoms a la cabeza. Algunas comunican,  y muy bien por cierto, de una manera totalmente innata. La frutería de mi barrio es un claro ejemplo de ello.

Desde el principio me sorprendió como este acogedor establecimiento con la fruta perfectamente limpia y colocada al paso de los transeúntes se encontraba siempre repleto de clientela, a pesar que a pocos metros cuenta con varios supermercados y otras fruterías.

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A diferencia de la competencia,  me queda claro nada más entrar que si por algo se caracteriza  es por la calidad y  el sabor del producto. No es ni la más barata del barrio, ni tampoco la más cara en su conjunto. Aunque siempre cuenta con productos del día a buen precio que te hacen picar en la cesta de la compra.  Los mejores precios y productos recomendados a la vista en primera línea como reclamo, guantes y bolsas para que cada cliente pueda elegir sus piezas o directamente el frutero con un delantal impecable y una sonrisa en la cara, dispuesto a seleccionar por ti las piezas más deliciosas. Siempre hay una bandeja con fruta recién cortada para degustación y el frutero constantemente dispuesto a solucionar dudas y ofrecer su recomendación experta. Servicio atento, rápido y posibilidad de pagar con tarjeta de crédito… aunque sean pequeñas cantidades. Una bonita y elegante bolsa con un diseño personal alejada del feo verde botella, sabor y esencia de toda la vida, nada del rollo vintage/gourmet prefabricado tan de moda. Además me consta se involucran con el barrio en distintas iniciativas vecinales donde colaboran desinteresadamente, un hecho que además de buena imagen les da mucha visibilidad.

En definitiva, una forma de trabajar que ha conseguido fidelizar a su clientela, que son sus principales prescriptores, personalización, buen producto  y servicio. Y si al señor frutero le preguntamos, ¿cuál es su estrategia de comunicación?, seguramente nos mirará extrañados.

¿Qué podemos aprender de este humilde empresario que ha conseguido convertir a su negocio en el más próspero del barrio? Fijándome en su estrategia he querido reflejar lo que podríamos llamar un

Decálogo de buenas prácticas que toda empresa debe poner en marcha para comunicar con éxito:

  1. Claridad de ideas y de mensajes. Un argumento complicado siempre puede ser expresado con simplicidad. ¿Para qué andarnos con rodeos? Al pan, pan y al vino, vino.
  2. Acciones coherentes entre sí. No vale la afirmación, “que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”. No podemos hacer gala de que nuestra empresa es responsable con el medio ambiente y utilizar, por ejemplo,  bolsas de plástico para empaquetar nuestros productos.
  3. Dar siempre la cara. Eso es responder siempre a las dudas, sugerencias y reclamaciones de nuestro público, bien sean clientes o proveedores.
  4. Aportar elementos novedosos. No aburrir a nuestra audiencia siempre con los mismos mensajes, la creatividad y la innovación nos ayudará a generar cosas nuevas que poder contar y sobre todo hará crecer nuestro negocio.
  5. Explicar el porqué de las cosas. Contextualizar los mensajes es importante, no ocultar datos relevantes y argumentar debidamente las afirmaciones.
  6. Ser fiel a la imagen de uno mismo, a su esencia y sus valores. No podemos actuar como un gran hipermercado cuando somos pequeños, grandes promociones o descuentos cuando nuestro margen es pequeño no nos llevará a buen puerto. ¿Y si apostamos por la calidad, o por ser los mejores en un producto en concreto?
  7. Tener un discurso propio. Los discursos no tienen el porqué ser preparados y encorsetados, pero sí pensados e interiorizados. Debemos creernos lo que contamos.
  8. Hablar a cada cliente según su idioma. Segmentar nuestro mensaje según con qué tipo de cliente estamos, no todo vale para todos, lo mismo ocurre con los canales que utilizamos para dirigirnos a ellos. Si queremos felicitar la navidad a nuestra base de datos y entre ellos la mayoría son personas mayores de 65 años, ¿es lógico hacerlo solo a través del perfil de Facebook de mi negocio?
  9. Humanizar los mensajes. Así conseguirás empatizar con tu público.
  10. Si tus palabras no son sinceras tu producto no se venderá, si mientes tus consumidores no se lo creerán y no lo comprarán. Ten cuidado, la imagen de tu empresa puede salir dañada.

Recuerda, todo lo que haces dice cosas de tu empresa, desde la relación con tus empleados, proveedores, la forma que sacas al mercado tus productos o servicios… aunque no responda a una planificación y no siempre es para bien. Además en determinados sectores más que en otros si no comunicas no existes. Respeta a tu audiencia, sé tú mismo y triunfarás.

Pero ten en cuenta que si deseas evaluar qué haces bien o qué podrías hacer mejor, deberías ponerte en manos de profesionales que puedan sacar de la comunicación de tu empresa el máximo partido.

 Post redactado por Carmen García

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