Comunicación de peso o comunicación a peso. Este es uno de los dilemas que se dan dentro de las empresas a la hora de fijar la remuneración por sus servicios.

Las agencias de comunicación vendemos intangibles, servicios especializados con un alto componente creativo para cuyo desarrollo se consumen principalmente horas de trabajo. Valorar cuánto valen nuestros servicios depende pues de múltiples factores;  de la posición de nuestra agencia en el mercado, de las características particulares del trabajo, etc.… no es por tanto  una tarea  fácil determinar un precio estándar por kilo de comunicación al estilo del carnicero.

Es por eso que frecuentemente a los profesionales que vendemos servicios de comunicación nos asaltan dudas existenciales sobre cómo valorarlos.  Lo lógico es querer recibir un justo precio, pero este concepto parece que con la crisis y con la eclosión de freelancers y de nuevas empresas se convierte en un galimatías a la hora de justificar qué cobrar o no a un cliente.

Si hallamos algo bueno en esto de la crisis, (…sí, sí, algo bueno)  es que ha provocado que las empresas de comunicación hayamos tenido que ponernos las pilas con tal de ser más flexibles, variando el contenido, pero también la forma de ofrecer y presentar los productos. Clientes que antes podían permitirse un servicio de comunicación continuado con un fee anual sin apenas pestañear, hoy día, además de bajar notablemente el presupuesto, no pueden o no desean comprometerse a largo plazo,  lo que no significa que no lo quieran hacer por campañas. Esto ha obligado a las empresas de comunicación a adaptarse, buscando ideas para compensar la merma de ingresos seguros.  Esto ha provocado que salgamos del letargo de la seguridad, para así agudizar el ingenio, la creatividad y la profesionalidad.

Por tanto,  a mayor oferta los precios tienden a ser más bajos, las nuevas empresas ya no soportan grandes estructuras y se pueden permitir unos precios más ajustados. Pero el gran problema viene cuando nos encontramos bajas temerarias, que difícilmente harán ganar dinero al que la oferta y sí perder la inversión al que lo contrata. Ya que extrañamente ofertas con precios muy bajos cumplen los requisitos mínimos de calidad y no estarán enfocadas a la consecución de objetivos estratégicos en los que cualquier empresa debe basar sus acciones de comunicación.

Algunas de estas ofertas se fundamentan en el peso, por ejemplo en Social Media se ha generalizado el ofrecer paquetes de x tantos tuits al día o post en FB por x tantos euros al mes. Si variamos los perfiles que gestionar y los tuits semanales, mayor o menor será la tarifa mensual. Es lo que se llama vender a peso, pero ¿dónde queda la conversación con los clientes? Difícil encontrar el equilibrio.

Paquetizar en sí no es malo, lo malo es la fórmula utilizada para hacerlo, puede ser buena idea siempre como un modo de flexibilizar el formato en el que trazamos las estrategias para nuestros clientes, nunca con el fin de convertirnos en un robot  que crea 20 post y hace con ellos refritos para todos sus clientes.

Encontramos en este sentido ofertas escandalosas, pero otras fórmulas rozan incluso lo grotesco  como el “apueste por mi” o lo que es lo mismo busco sus servicios, pero no puedo o no quiero pagarlos, o el unamos sinergias que muchas veces lleva implícito el trabaja gratis…. Lo de unir sinergias funciona cuando es un toma y daca, cuando ambos actores se implican, no cuando uno se aprovecha y nunca entrega nada a cambio. En resumen, el tiempo es oro y hay que dar  valor a nuestro trabajo, el cliente lo agradecerá cuando vea los resultados.

 

Post escrito por Carmen García

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies